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¿Más productividad para tu taller? Cómo saber si necesitas otra cabina de pintura

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Instalar otra cabina de pintura o mejorar los procesos son las dos principales opciones que generalmente tienen a su alcance los negocios de reparación de chapa y pintura para hacer frente a la posible congestión (o cuello de botella) que se pueda producir en la zona de aplicación. En este sentido, un análisis de los orígenes del problema nos conducirá a la solución ideal.

La función de la cabina de pintura es vital en los talleres de carrocería. Todos los vehículos deben pasar por ella para la aplicación y secado de los productos de acabado. Una acumulación de carga de trabajo en esta etapa de la cadena de producción dará lugar a una congestión cuyas consecuencias se extenderán al resto de áreas del taller, condicionando su productividad global. 

¿Necesitamos una cabina más?

Una de las soluciones por las que generalmente se opta ante este riesgo es aumentar el número de cabinas. Gracias a eso, es más probable que haya siempre una libre, que evite paradas en las reparaciones y entre el equipo de pintores.

Sin embargo, la principal dificultad de esta solución, además de la disponibilidad de espacio, radica en la elevada inversión que supone. Y esta inversión puede resultar poco rentable si, en lugar de la falta de equipamiento, el verdadero problema radica en los procesos y métodos organizativos que no permiten el máximo rendimiento de la cabina o cabinas ya existentes. 

Este sería el primer factor a analizar antes de tomar una decisión. Así, la mejor forma de iniciar este estudio será medir este aspecto. En este caso, el KPI ideal es el ciclo de cabina, para cuyo cálculo sólo se requieren tres datos: número de cabinas, horas de apertura del taller y número de vehículos pintados durante ese período de tiempo. El producto de los dos primeros, dividido por el tercero, nos da como resultado el tiempo medio de cabina utilizado para cada reparación. 

La comparación de los datos obtenidos con un valor de referencia nos muestra la situación del taller en este aspecto. Si el valor obtenido está cerca del valor de referencia, la conclusión es que estamos en el límite de utilización y habrá que aumentar el número de cabinas. Mientras, si el valor es muy superior al valor de referencia, es porque hay suficiente margen para implementar soluciones, a distintos niveles, que eviten esta inversión. 

Asumiendo que la cabina se encuentra en buenas condiciones, una adecuada organización del taller, en especial del área de pintura, permitirá alcanzar un óptimo aprovechamiento de la cabina. 

Uso de la cabina y organización

En este sentido, debemos centrarnos en aprovechar al máximo cada ciclo de aplicación/secado, organizando la producción y las reparaciones de forma que la cabina esté lo más llena posible en cada ciclo. Hay que evitar, por ejemplo, utilizarla para pintar un solo parachoques desmontado. Con una buena organización, será posible agrupar piezas de diferentes reparaciones en un mismo ciclo, aunque para ello sea necesario realizar desmontajes ‘extra’. 

Asimismo, debemos hacer lo posible para que un vehículo y todas sus piezas desmontadas se pinten en un solo ciclo. Lógicamente, esta medida estará condicionada por las dimensiones interiores de la cabina. 

Con una buena preparación de la reparación mantendremos bajo control aquellos problemas que obligan a interrumpir las reparaciones cuando el vehículo ya está en cabina. Parte de estas interrupciones suelen tener su origen en la falta de elementos básicos. Por lo tanto, es fundamental identificar correctamente el color en los pasos iniciales, así como revisar periódicamente el inventario de los productos de pintura y asegurarnos de que disponemos de todos los productos necesarios para las reparaciones programadas. 

También debemos garantizar que la cabina se utilice sólo para los ciclos de aplicación y secado, y evitar realizar aquí otras tareas como, por ejemplo, enmascarar.

Asimismo, se debe reducir al máximo el tiempo de inactividad de la cabina en el horario de taller por falta de carga de trabajo. De este modo, una de las premisas a seguir es que siempre haya al menos un vehículo preparado para entrar en la cabina. 

La importancia de la planificación

En este sentido, el sistema que se sigue para planificar las reparaciones juega un papel clave. Lo habitual es que la mayoría de las entradas se concentren entre el lunes y el martes, lo que implica un flujo de reparaciones y, por tanto, de carga de trabajo, desigual a lo largo de la semana. 

Así, habrá una alta ocupación de la cabina a mitad de semana, con alto riesgo de congestión, y una infrautilización al principio y al final de la semana.  

A nivel organizativo, podemos implementar horarios extendidos en el área de pintura, lo que permitirá un mayor uso horario de la cabina todos los días. De esta forma, podemos adelantar o retrasar el inicio de la jornada laboral de una parte de los pintores, para que durante un determinado intervalo de tiempo no todos los pintores estén a la vez en el taller. Gracias a ello, será posible reducir, en cierta medida, los problemas por disponibilidad de los equipos. 

Una última medida para optimizar el ciclo de la cabina, puede ser actuar a nivel de productos y procesos. Actualmente, existen productos de secado rápido con los que es posible reducir los tiempos de evaporación y secado y, en consecuencia, el tiempo de ciclo. 

Todas estas medidas se centran en optimizar el uso de los equipos. Pero si el problema del taller radica en que el número de cabinas está muy ajustado al número de pintores, todavía hay opciones que implican inversiones menores que comprar una nueva. 

Por ejemplo, actualizar la tecnología de la cabina, reemplazando el generador de calor convencional por sistemas que reducen el tiempo necesario para elevar la temperatura y/o el tiempo de secado (llama directa, paneles endotérmicos…). 

También debemos considerar la opción de delimitar una de las zonas de preparación con mamparas o cortinas, y dotarla de grupos de insuflación y extracción de aire, además de un sistema de suministro de calor para el secado. Esta zona puede servir de desahogo para la cabina en el caso de reparaciones de piezas pequeñas, así como de base para la implantación de un flujo diferenciado de trabajo para este tipo de intervenciones.

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